Startup Spain: un protocolo de emergencia
España, como bien sabemos, se encuentra en medio de su peor crisis social y económica. La una vez denominada por the Economist como "Nueva Edad de Oro Española", en la que según la Comisión Europea las PYMEs empleaban el 79 por ciento del total de la fuerza de trabajo, se ha desvanecido. La creación de nuevas empresas ha decrecido un 40% desde 2007, elevando la tasa de desempleo hasta casi su nivel más alto en todos los tiempos: un 21% a finales de 2011; un 45% para universitarios recién graduados.
La situación es crítica. Recientes estudios de organizaciones como el Banco Mundial han situado a España en el puesto número 133 en el ranking de facilidad para la creación de empresas, justo por detrás de Kenia, y estudios nacionales como el de la Universidad Complutense de Madrid indican que sólo un 1,6% de los estudiantes universitarios consideran el emprendimiento como una opción para su carrera profesional frente al 60% de los estudiantes de instituto que quieren ser funcionarios. Si a esto le sumamos que según la Fundación Kauffman, el 99,99% de los nuevos puestos de trabajo netos son generados por las PYMEs, es decir que cuando una gran empresa pública o privada genera un puesto de trabajo es porque otra ha destruido un puesto de trabajo, las expectativas de futuro son descorazonadoras.
Reflexionemos un momento sobre estos datos: Cada vez hay más desempleo y por tanto menos consumo
y menor poder adquisitivo, cada vez hay menos creación de PYMES y por tanto menos generadores de
nuevos puestos de trabajo netos, cada vez es menos atractivo en términos macroeconómicos el crear o
financiar una nueva empresa en España, y sólo un 1,6% de las nuevas generaciones se plantea hacer algo al
respecto.
Lamentablemente, todos estos resultados apuntan hacia una inevitable fuga de cerebros, especialmente
de talento emprendedor, de la generación más preparada de la historia de España (España se sitúa
actualmente en el puesto número 21 a nivel mundial en la generación de talento universitario según el
Global Talent Index).
¿Cómo puede haber pasado algo así en un país con bajo coste de vida, trabajadores muy formados,
alta calidad de vida, salarios muy atractivos y lo más importante, más de 2.500 entidades en su mayoría
con financiación pública parcial o total dedicadas únicamente a apoyar y fomentar la innovación y el
emprendimiento?
La única respuesta posible es que el emprendimiento y la innovación no son objetivos realmente
importantes para estas instituciones públicas y privadas, sino que utilizan estas iniciativas como
herramientas de marketing para la gloria de los políticos y ejecutivos que dicen ondear estas banderas.
Esto no es sólo contraproducente, sino extremadamente peligroso. No podemos permitirnos que se siga
priorizando el ego de estos agentes sobre los retornos de inversión y los resultados en esta área por más
tiempo. Como señaló el doctor Vivek Wadhwa cuando visitó España el año pasado, "parece que España
necesita Startup Chile más de lo que lo necesita Chile".
Volvamos a pararnos un momento para analizar esta afirmación. Un programa como Startup Chile tiene
poco que ver con Startup America, Startup Britain o mucho menos con crear un "Silicon Valley Español".
Las dos primeras iniciativas están enfocadas a un ecosistema bastante más desarrollado que el nuestro
y la última es el único modelo que se ha implementado en España hasta el momento como medio para
promover la innovación.
Este moda moda de "crear un Silicon Valley local",basada principalmente en la teoría de "clusters" de
Michael Porter, está quedando obsoleta. El resumen del doctor Wadhwa es muy preciso al respecto "Elije
una industria emergente, construye un parque tecnológico cerca de una universidad de investigación,
ofrece incentivos a empresas por reubicarse, añade algo de capital riesgo y espera a que surja la magia".
Desafortunadamente, esta magia nunca ocurre.
La cantidad de inversión pública y privada malgastada en estos esfuerzos infructuosos es inaceptable.
¿Cuándo vamos a aprender que calcar un modelo para generar innovación disruptiva sostenible y creciente
es una incoherencia?
El tipo de programa que España necesita ha de centrarse en llevar a cabo cambios dramáticos en las formas
en las que fomentamos el emprendimiento sin necesidad de convertirlo en una excusa constante para que
políticos y ejecutivos salgan en la portada de los periódicos.
La batalla no es gastar más dinero en infraestructura, sino usar el dinero y recursos que tenemos de forma
más sabia y eficiente para intentar hacer la vida del emprendedor en España radicalmente más fácil, barata,
competente y conveniente.
Como con Startup Chile, la piedra angular de este plan debería ser, por supuesto, atraer talento
emprendedor del extranjero, retener y fomentar, al mismo tiempo, el talento local. Esto implica poner en
práctica medidas que harán de España no sólo un gran sitio para vivir sino un lugar donde desarrollar una
startup sea más atractivo que cualquier otro lugar de Europa.
Es imperativo que tanto el gobierno como las entidades privadas asuman sus roles como organismos de
apoyo lo antes posible, operando en la sombra sin hacer ruido para proteger a la gente que debería estar
en el punto de mira: los emprendedores.
Hay aún mucho trabajo por hacer y necesitamos que los principales actores públicos y privados dejen de
una vez de prometer, exhibirse y demandar, y pasen a proponer, adquirir compromisos, tomar decisiones y,
lo más importante, actuar.
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