Dame dinero y dime tonto

Editorial
Luís García San Miguel
Director de Empresa Exterior España
Definitivamente, los tiempos están cambiando, como cantaba Bob Dylan. La semana pasada comenzó anunciando tormenta en Estados Unidos, debido a la noticia de que los principales directivos de AIG, una de las principales aseguradoras mundiales y que recibió una poderosa inyección de capital federal hace escasos meses, se habían embolsado 120 millones de dólares en bonus.
Justo cuando la crisis arrecia con más fuerza, asistimos estupefactos a un nuevo ejemplo de incoherencia más allá de toda lógica: ¿cómo es posible que unas personas que han llevado a la ruina a uno de los principales gigantes financieros sean capaces de autocomplacerse en su "brillante" gestión y premiarse con semejantes y escandalosos dividendos? ¿Han empleado parte del caudal público que se les otorgó en mantener su lujoso tren de vida particular, ciegos e insensibles ante la magnitud del cataclismo que han causado? ¿Hay aún en pie alguna noción de justicia y ética empresarial?
Pero conforme avanzó la semana supimos que no les iba a ser fácil burlar a la sociedad. En una medida sin precedentes (máxime en los poco, hasta ahora, intervencionistas Estados Unidos), Barack Obama anunció el jueves que los directivos de AIG que se hubieran embolsado el controvertido bonus iban a ser sometidos a un duro "castigo" fiscal, haciendo que pagaran en impuestos el 90% de sus tan inmerecidas retribuciones.
Sí, definitivamente las cosas están cambiando. La escala de valores que sirvió como marco para los años de bonanza se está desmoronando a pasos agigantados. Se acabó el "todo vale", sin rendir prácticamente cuentas, sin regulación y favoreciendo que florezcan las desigualdades y la especulación abusiva. ¿Quizá los "magos de las finanzas" que han sido desenmascarados desde 2007 no recibieron tan excelente formación como creíamos? ¿O simplemente su pecado fue dejarse la ética bien guardada en su cajonera del pupitre?
Algo muy característico de las crisis es que tienden a hacer tambalear ideas, creencias e incluso "certezas hasta el momento incuestionables". Si alguien hubiera pronosticado hace un par de años que en Reino Unido se fuera a hablar muy seriamente de "nacionalizar la banca, o parte de ella", le habrían tomado por loco. Si alguien se hubiera atrevido a afirmar que en 2009 veríamos cómo un presidente negro denunciaría desde Washington públicamente las retribuciones de los directivos de la primera aseguradora del mundo, se habrían elevado sonoras carcajadas. La extrema codicia volvió, una vez más, a romper el saco. El viento cambió.
La ciudadanía puede que muchas veces proteste menos de lo que debería, pero no es tonta. Los contribuyentes jamás comprenderán cómo una empresa auxiliada con el dinero de las arcas públicas, debido a su mala gestión y pésima situación, pueda repartir beneficios millonarios entre sus máximos responsables. Ni las pymes y autónomos, directamente tocados por la fría garra de la crisis, aceptarán jamás que las gestiones empresariales de opereta tengan tan suculenta recompensa cuando ellos luchan a diario por mantenerse a flote viendo su margen de beneficios menguar día a día.
Estamos todos en el mismo barco, y la crisis es un problema común. Por mucho que esto pueda sonar al clásico lema gubernamental cuyo principal (y estéril por sí solo) mensaje equivale a "calma", paso a paso se instala entre nosotros, como nuevo mantra teóricoeconómico, el concepto de "responsabilidad social". El caso de AIG crea un antes y un después: la sociedad actual demanda responsabilidades a la clase empresarial, y denosta el enriquecimiento inmerecido y poco ético. Obama lo sabe, y aunque no ha podido romper los contratos blindados de esos directivos, ha administrado cierta justicia cívica en el asunto vía impuestos. Aunque seguramente asistamos ahora al intento de evadir este impuesto por parte de esos directivos, creo que lo correcto se ha hecho.
Pero, ¿se debió de inyectar dinero público en AIG como se hizo?, o primero se debería de haber "eliminado" a estos directivos de la gestión, mucho antes de dejarles gestionar dinero público. Ellos solo han demostrado ahora lo que saben hacer, coger y callar y ese tirar para adelante pase lo que pase, corrupto, falto de esfuerzo, de dedicación. El individualismo frente al grupo. Si les diéramos un poquito más de dinero y un bocadillo y se les pidiera que dieran gritos a favor del comunismo sin duda lo harían, eso si, sin entregar a la sociedad sus bienes para que los gestionase ese supuesto estado comunista.
| Revista Empresa Exterior Nº 290 | |||||||
| Miércoles, 01 de Febrero de 2012 | |||||||
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