¿Hasta cuando?

Editorial
Luís García San Miguel
Director de Empresa Exterior España
La semana pasada asistimos a una lenta pero alarmante cascada de malas noticias en el terreno económico, tanto a nivel nacional como global. El IBEX (junto con los más importantes mercados bursátiles internacionales) cayó en picado. Probablemente se debió al dramático rescate financiero del 80% de AIG por la Reserva Federal en EE.UU, lo que originó un nuevo (otro más) terremoto financiero. Y el miércoles, la amarga guinda: nos desayunamos con la escalofriante noticia de que el paro en España bordea ya los 3.500.000 trabajadores.
La crisis está presente entre nosotros, demasiado presente. Lo que hace un año seguía constituyendo un apasionado debate acerca de si .crisis de las gordas. o .suave desaceleración., protagonizado por economistas y políticos, ahora se yergue como una verdad bien palpable e incuestionable. A diario, los gobernantes de todo el mundo se descuelgan con apelaciones a la calma, amplios paquetes de medidas anticrisis, declaraciones solemnes, pequeños gestos para la galería y, en general, alegatos en pro del optimismo y la esperanza.
Si no había unanimidad en marzo de 2008 a la hora de calibrar el alcance de la crisis/ desaceleración, menos lo hay en marzo de 2009 para hacer predicciones de hasta cuándo durará la actual coyuntura, de si se ha tocado ya fondo o no, o de cuáles son las medidas más adecuadas para apagar los fuegos lo antes posible. ¿Más intervención del Estado para redistribuir la riqueza y limar desigualdades? ¿Supervisión más estricta del sistema y productos financieros? ¿O mejor bajar los impuestos, abaratar el despido y potenciar la iniciativa privada? Quién sabe.
Quizá lo ideal sea una mezcla equilibrada de ambas posturas.
¿Hasta cuándo? Ésa es la pregunta que flota como un agobiante espectro en el ambiente. Se la hacen a diario los parados, los Gobiernos, los asalariados, incluso los estudiantes, que en el contexto actual tienen más difícil que nunca su inminente incorporación al mercado laboral. Pero quizás quiénes más persigan la tan anhelada respuesta sean los pequeños y medianos empresarios.
Las pymes son, somos, la principal solución a esta crisis, esas medidas globales rara vez nos afectan salvo en el largo plazo pero el día a día hay que vivirlo. Las Pymes han sujetado el empleo en los últimos meses haciendo grandes esfuerzos, pero cada mes se descuelgan muchas empresas que sin remedio tienen que recortar plantillas igual que recortan partidas de gasto de todo tipo.. Muchas han sufrido los ahogos inherentes al brusco corte (o restricción, en el mejor de los casos) del crédito, del grifo financiero. Se siguen otorgando créditos, por supuesto, pero muchos menos que antes, bajo condiciones más estrictas.
En definitiva se llega al efecto no deseado del abandono (al menos, durante un tiempo) de cualquier proyecto ambicioso de crecimiento, expansión y, en muchos casos por desgracia, de salida a mercados exteriores. Esos lujos sólo están al alcance ahora mismo de las grandes empresas aunque también podemos dudarlo. Esta crisis afecta ya directamente a la economía real y por lo tanto a cualquier iniciativa empresarial.
Mientras las pymes se protegen de las actuales amenazas, deben reinventarse, analizar gran cantidad de información de su entorno sectorial en el que compiten, liderar cambios, ser audaces, tomar decisiones y aquí llegamos a la gran duda que se presenta ante cualquier decisión, ¡será la acertada!, nos estamos precipitando, ¡¡hasta cuando va a durar esto!!.
Hemos visto frenarse e incluso romperse muchas de las empresas que durante tantos años hemos creado con gran esfuerzo empresarios y trabajadores, algunas siguen adelante muy tocadas, otras mejor posicionadas, otras al borde de su desaparición y en la mayoría de sectores de actividad económica. Quizás la respuesta a la pregunta de ¿hasta cuando? sea ¿en que momento estamos dispuestos a asumir decisiones drásticas, nuevos retos...?, no solo de recorte de estructura, siempre dolorosas, u otras medidas de control de costes, sino también audaces en términos de replanteamiento del servicio que ofrecemos, mejoras en el producto, en los procesos, optimización de recursos, etc.
Y si con todo ello no es suficiente, ha costado mucho crear y hacer crecer nuestras empresas, ¿debemos reconvertirlas por completo?. Yo no creo que nos quede más remedio pero ahora tenemos una ventaja y es en muchos casos .la experiencia., las experiencias de muchos años de trabajo duro, que nos debe dar seguridad para afrontar decisiones difíciles y olfato para acertar. Quizás una vez agotadas todas las optimizaciones posibles de nuestro negocio no baste y debamos reinventarlo y ya sabemos que esa reinvención creativa y audaz, tendrá que ser aceptada por el consumidor final sea cual sea nuestro producto o servicio por lo que seguro beneficiará a la mejora general de la oferta.
Hay motivos fundados para creer en la estabilidad estructural del sistema económico y no olvidar que parte de los cimientos de ese sistema son los ciclos económicos. Sabemos que vendrán tiempos mejores que estos. Y si nos preguntamos de nuevo .¿pero cuándo?., querremos creer más que nunca, pese a sus dudosas predicciones, al presidente del Gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, cuando afirmó la semana pasada que .estábamos viviendo ahora mismo el periodo más duro del actual ciclo económico.. Traducción: ya hemos tocado fondo. Sólo nos resta comenzar el ascenso a la superficie. Ojala sea así. Pero pienso que quien mejor sabe ¿hasta cuando? es uno por uno, cada empresario en su sector.
| Revista Empresa Exterior Nº 290 | |||||||
| Miércoles, 01 de Febrero de 2012 | |||||||
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